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Suave viaje por tu piel

  • 16
Siempre será un placer encontrarte tendida en la cama, entre luz y sombras, buscando  en mi piel la ausencia de besos y caricias que se extinguieron con el tiempo. Ahora descubro tu cuerpo de la sábana blanca que moldea tu figura, y deslizo mis manos por tus pies. Enmudecida, con los labios entreabiertos, sientes que te invade una extraña sensación, un hondo escalofrío en lo profundo de ti, que te obliga a doblar las piernas y subir tu pecho en un gesto de clara satisfacción.
Acto seguido, inicio el recorrido por la geografía de tu piel arrastrando mis dedos por tus piernas, deambulando por tus zonas erógenas, disfrutando de esa construcción que un día un dios diseñó y convirtió en la semidiosa de mis deseos. Entonces, en el calor del recorrido, te das cuenta que has regresado a la mortalidad. Cierras los ojos, dudas en abrirlos y romper la magia que nos envuelve, aunque te sientas invadida, disfrutando del dulce néctar que nos regala Eros.
Llego suavemente al promontorio de tus hermosos senos, descubiertos y erguidos, pronóstico de indudable excitación, mientras recubro con mis labios la aureola de tus tesoros urgidos por el deseo de encontrarme dentro de ti. Entonces, tu cuello al descubierto, permite la libre circulación de mis besos, hincando mis dientes como un vampiro solitario y sediento de ti.

Has empezado a sospechar que pronto llegará la hora en que ambos cuerpos descansarán entre las sábanas desechas después de una guerra que libramos sin cuartel. Sólo que al abrir los ojos, tú continuarás lejos, tal cual semidiosa, y yo un simple mortal que soñó llegar al Olimpo.

Imaginarme en la oscuridad

  • 4
Puedo imaginarme en la oscuridad, encerrado entre cuatro paredes, mirando titilar el cursor de la hoja en blanco, sin poder escribir nada. ¡Menuda testarudez de la imaginación!

Pensarás que es una idiotez despedirme, pero no soy bueno para eso. Nunca he sido bueno para las despedidas. Por eso creo que algún día desapareceré, tal como llegué un día, sin dejar huellas. ¿De qué me sirven ya las noches de bohemia, cigarrillos y vino, entre lecturas de Raymond Carver? Creerás con esto es un desvarío, pero cuando las sábanas no sean suficientes para abrigar tanto frío sin tu cuerpo junto al mío o cuando la cama sea una infinita aldea poblada de fantasmas, me entenderás. Sentirás que después de todo hiciste lo mejor, alejarte (y no digo que la distancia no sea una medicina para el desapego), pero tiene un malísimo sabor y, sus consecuencias, son tan graves como la peor enfermedad.
Un adiós puede significar la muerte prematura de un sentimiento, pero la soledad es la metástasis de una herida que esta apunto de colapsar y llevarnos a la muerte.

Este poema en prosa no alude a nada en particular. De hecho, es bastante viejo, sacado de la gaveta, lleno de polvo y carcomido por las termitas. Me pareció bueno pulirlo antes de publicarlo acá.

Cuerpos entre sombras

  • 3
En lo alto de la noche, una luna de plata vestida con vuelos de nubes color cenizo y adornado de estrellas, nos vigila. El viento sacude las cortinas y las preña de aire en un incesante movimiento.
Continuamos refugiados como niños en una cueva de sábanas, entre caricias, desvelados por nuestra pasión.
Las sombras gobiernan la habitación, y el calor lame nuestros cuerpos en llamas.
Entre sombras y sudor, describiendo en un instante el amor que ambos nos profesamos, nos dejamos llevar hacia la capa más delgada del placer. De mí se derrama una palabra, escabulléndose hasta tus oídos.
Te refugias en mis brazos, dejando descansar tus ojos y tu corazón en el fluir de todos los sentimientos. Abrazos. Sonrisas. Una delgada gota de sudor se derrama por tus muslos. Deslizo mis dedos por tu espalda, las enredo en tu cabello, hasta dejarme caer en una inmensa sensación de resplandor.

Estoy deseoso de amarte hasta el amanecer… hasta que nuestros cuerpos queden desprotegidos por el alba, y se vean atemorizadas las sombras por el brillo de otro día, para nuevamente volver a formar el puente perfecto con nuestros cuerpos.

Castillo de naipes

  • 5
En un asalto por alcanzar los sueños los vi una noche envueltos en llamas. Traté de extinguirlos. En tus ojos pude ver lo maravilloso del amor, y como un castillo de naipes, en un golpe de viento inesperado, se derrumbó todo a mí alrededor. Pero no importa, encontraré la forma de conseguir reunir de nuevo las cartas, para edificar el castillo y convertirlo en una fortaleza para que nada ni nadie trate de derrumbarlo, y en el que tú y yo podamos vivir eternamente.

Estoy seguro que ese castillo ha sido edificado desde hace mucho. Hoy es nuestro palacete.

Cuestiones de la realeza

  • 6
En menos de un minuto estás rodeada en mis brazos, descansas en mi pecho, protegida. Descubres que puedes soñar un rato y decides cerrar los ojos. Antes del amanecer, esperando un beso, una caricia entre las sábanas, la íntima invitación a la picardía se traduce en tus ojos. Escondes una mano dentro de mis dominios, esperando levantar la torre, para finalmente asestarles un golpe mortal a mis tropas. Así es como la reina duerme en mis aposentos, y el rey se quiebra ante su mirada.

***

Hacía mucho tiempo que no escribía poesía en prosa. Espero no decepcionarlos.