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El nuevo literato

  • 9
Continuando con una rutina habitual de escritura les invito a disfrutar de un nuevo blog que diseñé ya hace cosa de un año, pero que llevo actualizando desde hace poco. Es un blog dedicado al género fantástico y ciencia ficción. Espero lo disfruten tanto como disfruto yo escribiéndolo.

En otro orden de ideas, quiero conversarle sobre un tema que en cierto modo no es nada nuevo, ni mucho menos pretende ser algo extraordinario, pero no puedo evitar mencionarlo. Me refiero a lo difícil que se ha convertido ser un lector en nuestro país.

Recuerdo que para los años en que estudié letras, la compra de libros se hacía cuesta arriba en el sentido de encontrarlos. Salir a una librería para comprar una novela como Gargantúa y Pantagruel de François Rabelais, El Ulises de James Joyce o cualquier texto de Lord Byron era una odisea. Podías pasar largas horas de librería en librería, sin conseguir nada. De vez en cuando, ya desanimado en la búsqueda, remataba en las tiendas de libros usados, para encontrar al final libros carcomidos por el comején e infectado de hongos, tan enfermos como la situación del país para la literatura.

Ahora la situación es gatopardiana. Puedes conseguir muchos libros importantes impresos por destacadas editoriales, pero a precios desorbitantes. Sin mencionar todos esos libros que puedes conseguir en el extranjero, como ediciones de lujo, pero no tienes dólares para comprarlos. Entonces, para el nuevo hombre dedicado a las letras, se vuelve una situación en la que debes decidir si comprar un libro o comprar la cena de ese día y el desayuno del día siguiente. Un libro, por la medida corta, no baja de seiscientos bolívares, que, para los extranjeros que lean esto, son unos cincuenta dólares aproximadamente. Aunque todos sabemos que ese cálculo no se ajusta a nuestra realidad. ¡Es mucho más! Y todos sabemos que los productos importados comporta una serie de costos adicionales que deben ser añadidos. Pero a grandes rasgos es una situación terrible.

En una oportunidad, pensando en lo difícil que era para un licenciado en letras conseguir un empleo digno, como profesor, editor, promotor cultural o escritor, se le suma esta situación en la que frente al alto costo de los libros no queda otro remedio que dedicarse a otra cosa.  Revivir los viejos tiempos cuando entrabas en una librería, extasiado con las portadas de los libros, el olor a nuevo, la sensación de la textura de las hojas al pasar por los dedos, se han convertido con los años en una quimera, en una fantástica pieza de ciencia ficción, al mejor estilo de Borges, donde sabes que existió ese lugar, ese momento, ese tiempo, esa situación, esos personajes, pero son toda una invención irreal, una provocación, un «no te lo creas del todo», porque sabes que ya no es así.

Sólo espero que un día esa incisiva provocación al literato de nuestros tiempos se convierta en un mal recuerdo, y que la situación mejore, por el bienestar de la sociedad. Tengo la certeza de que la literatura, para sorpresa de muchos, es el mejor antídoto para los grandes males. Sólo que muchos prefieren pensar lo contrario.

Hace días me preguntaban si volvería a estudiar literatura, y mi respuesta fue un rotundo sí. Porque el problema no es la carrera que decidas estudiar, sino cómo afrontes la realidad que te tocó vivir. Existen muchos ingenieros, médicos, abogados, que lo están pasando mal; pero eso no le resta significancia al problema de fondo. ¿Y cuál es el problema de fondo? La ignorancia. Si en otros tiempos, no muy lejanos por cierto, el artista era vilipendiado, en la actualidad no nos queda más remedio que sacar el paraguas, señoras y señores, porque los pronósticos no son alentadores.


Lamentablemente...

Mejora continua

  • 3
Durante mucho tiempo he creído que las personas sí podemos cambiar. Existe dentro de cada ser humano un programa genético que heredamos de nuestros padres, pero otro tanto de esa configuración pertenece a las experiencias, positivas o negativas, que tengamos durante la infancia y parte de nuestra vida.
Comentan los especialistas que las edades más importantes del infante pertenecen al rango 0-7, por lo que son las edades donde los padres y familiares cercanos deben concentrar su atención en las posibles desviaciones que puedan existir en el niño, para procurar sus respectivos correctivos.
Después de la adolescencia, en buena parte, la personalidad del individuo está arraigada a la piel y huesos. Tratar de disminuir los conflictos del ser humano después de esa etapa cuesta mucho. Pero tampoco es una tarea imposible. Existen personas que después de un análisis verdaderamente introspectivo y sincero, logran forjar los correctivos necesarios para salir de los baches y problemas que afrontan durante la vida. No aprender de los errores, sí constituye un elemento explosivo, que dinamita el alma, y la contrapone a la rectificación justa y necesaria para afrontar nuevos retos.
Por ende, la mejora continua constituye un acervo espiritual, que permita rectificar a tiempo, moldear las circunstancias, interactuar con los yerros y, por último, manifestar lo positivo de una situación. La mejora continua debe ser, en cada uno de nosotros, una religión. Un estandarte que debemos prendarnos en la piel, en cada nervio, para construir una mejor sociedad.
La tecnología, en todos los casos conduce a la perfección, si ésta se utiliza como una vía para alcanzar el éxito de la humanidad. Sin embargo, en Venezuela, preocupa como los adolescentes, jóvenes y no tan jóvenes, viven en una inercia circunstancial, es decir, una suerte de hacer por hacer. Si hemos de hacerlo, es porque no los indica algo o alguien. Jamás se actúa por voluntad. La superación personal quedó relegada por la estúpida idea extendida que para alcanzar el éxito no hace falta estudiar, sino perfeccionar el arte de la picardía; herencia por demás muy española, de la época de la conquista.
El pícaro vive la vida como su último fin justificable para su propia desidia. Puede acostarse un día con el estómago lleno, y al siguiente vacío, creyendo siempre que mañana podrá ser mejor. Vale aquello de amanecerá y veremos. Como el personaje de Eudomar Santos de Por estas calles, cuya frase quedó en el imaginario social: «como vaya viniendo vamos viendo».
Entonces, la popular manifestación de mejora continua se reduce en los venezolanos a una tesis simplista: vivir bien es ganar suficiente dinero, provenga de donde provenga, sin importar nada más. La educación se convierte en un medio. Muchos estudian una carrera universitaria para «ser alguien», como si el hecho de existir no fuera suficiente. Se consigue el título, y somos alguien, según la premisa, pero salimos al mundo laborar, ¿y qué ocurre? El conformismo nos juega su carta. Nos conformamos con las directrices de la empresa, el mandato de un jefe que necesita todos los meses resultados óptimos (lo que se traduce en utilidades-ganancias), y una quincena con la que buscar el sustento que, dicho sea de paso, se hace cada vez menos en nuestra sociedad. Por lo tanto, hace falta buscar algo más.
Si se reflexiona con respecto a esto, y otros tantos asuntos que valen la pena ser analizados en profundidad en otras oportunidades, supongo que se hace justo y necesario que cada venezolano se estudie a sí mismo, y convenga recurrir a la tesis de la mejora continua como un modo de vida, donde dar lo mejor de mí no significa ser un tonto; donde robar contradice mis principios; donde buscar la maraña se convierta en buscar ayudar al prójimo y sacrificarnos un poco. Creo que todos en este país cabemos, sin distinciones de rasgos, credos, religiones o ideales. Aquí se trata de ser mejores nosotros, sin esperar nada a cambio. El universo es sabio. Él nos dará en su justa proporción lo que ameritamos.

Les Revenants

  • 0
Últimamente las series de televisión se han convertido para mí en una obsesión. No sólo las series actuales (una de ellas encabeza el título de este artículo), sino también las viejas; aquellas que en otrora, por la década de los setenta u ochenta pasaban por televisión nacional, cuando aquello era televisión.
De cualquier modo, en esa búsqueda de series, recordé Tales from the Darkside (1985), producida por el maestro del horror y, quien entre otras cosas, popularizó los films de zombies, George A. Romero. Tales from the Darkside, consiguió buena recepción para la época, concretando cuatro temporadas para un total de 90 episodios. La dirección y guiones de la serie destacan a figuras como Stephen King, Clive Barker, Christian Slater, entre muchos otros.
También recordé la siempre popular The Twilight Zone, de los ochenta concretamente, que fue la que alcancé a ver, aunque no descarto algún día terminar de ver la versión de los sesenta con sus cientos de capítulos y, por supuesto, el remake del año 2002, que sólo tuvo una temporada.
En otro artículo dedicaré algunas palabras a cada serie, y disculpen la disgregación.
El tema en concreto al cual deseo aproximarme es la serie francesa Les Revenants (2012). Anoche pude ver el primer capítulo y, sinceramente, quedé impactado. Al igual que Stephen King en uno de sus tuits que hizo acerca de la serie, calificándola de "scary and sexy", opino que la palabra exacta sería macabra.
Con tintes dramáticos, Les Revenants sumerge al espectador en una sucesión de imágenes que en principio da la sensación de estar encabezando un juego psicológico. La manera de los enfoques de cámara, la fotografía y los escenarios son muy pertinentes para exigirle al espectador que no desatienda la pantalla en ningún instante.
La participación de los actores es pertinente. Todos los actores y actrices hacen un buen trabajo para acentuar el dramatismo y el terror que viven. La atmósfera descrita por sus narradores va tejiendo secretos que, al igual que la historia del lago, van quedando poco a poco al descubierto. Los personajes logran transmitir la sorpresa, el miedo y asombro tras ver llegar a sus familiares muertos a casa; lo cual hace una de las series más impactantes que he visto en mucho tiempo.
Por cierto, un dato curioso, el argumento de la serie se parece mucho al libro de John Ajvide Lindqvist, Descansa en paz, publicado en el año 2010.
Asimismo, el tipo de filmaciones europeas, en especial para quienes estamos acostumbrados a lo Made in American, nos exige paciencia. La secuencia de imágenes de una obra audiovisual americana o latina suele ser más agresiva. Les Revenants es lenta y silenciosa. Otro punto en el que acierta al tratarse de una serie de... ¿fantasmas?

Por lo tanto, si buscas una dosis de horror y drama, no tan agresivo como las series anteriormente citadas, no debes dejar pasar por debajo de la mesa ésta que me hace recordar relatos de horror de la tinta de Maupassant, Bierce o Poe. O videojuegos como Silent Hill.

+ deudas pendientes

En el diario La República, Santiago Roncagliolo, joven escritor latinoamericano, publica un artículo que expone sobre la mesa un tema que se ha convertido en un clavo ardiendo entre las manos para muchos lectores que elogian la obra de Stephen King.
Roncagliolo señala que muchos escritores de la envergadura de Lovecraft y Poe tienen mayor receptividad entre los snobs (para emplear sus propias palabras), y no le quito razón alguna. Muchos de estos lectores desconocen en su totalidad la obra de King, por una parte, para desgracia de ellos. Y lo que resulta una verdadera lástima, porque se pierden de cosas asombras que Roncagliolo describe muy bien en su artículo.
Sin embargo, agregaría un par de párrafos al artículo en cuestión, mencionando que escritores como Julio Verne o Ray Bradbury no fueron para los snobistas literatura alguna. ¡Qué barbaridad! He visto como se venera, hacen alardes de grandes obras que, en mi opinión, no son más que malgastar tiempo y talar bosques inmisericordemente.
Finalmente, añadiría que los escritores contemporáneos están siendo juzgados (quiero creer que es así) bajo una nueva óptica. Los lectores cambian, como cambian los estilos de escritura o corrientes literarias. Quizá la desintoxicación o era postenobista esté comenzando a calar en los huesos de muchos escritores y lectores, que ya sin miedo escénico o complejo, se atreven a mostrar al mundo, aunque sea en formato digital, sus obras.
Para la literatura están cambiando muchas cosas, pero veo que continúan escritores como Bradbury, Verne, Matheson, o el mismo King, esperando por encontrar su merecido reconocimiento. Por lo menos Roncagliolo, al final de su artículo, dice una gran verdad: "Stephen King tiene aliados más poderosos que cualquier académico"; quiero creer que es así…

Lee aquí el artículo de Santiago Roncogliolo: "Yo sé quién no ganará elNobel".